Dolores de Crecimiento
| Lunes, 14 Junio 2010 14:16 | |||
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La vida es un proceso de aprendizaje continuo. Esta aseveración me llena de alegría, ya que seria aburridísimo levantarse algún día con la certeza de que ya no existe nada que aprender, nada nuevo que experimentar, que sentir o que vivir.
No hay dudas de que durante la vida estamos en un crecimiento constante, un crecimiento que solo termina cuando partimos de esta vida terrenal. Cada día es un paso más que nos acerca a aquello en lo cual nos convertiremos al final de nuestro peregrinaje, un escalón que nos eleva a transformarnos en un mejor ser humano, o que nos desciende a un estado peor al de antes. Cada decisión, cada proceso, cada paso es fundamental, ya que las consecuencias de los mismos siempre son importantes, aunque al momento no lo notemos.
Los dolores de crecimiento son una condición que en ocasiones aqueja a los niños.
En ocasiones, los mismos se deben a pequeñas lesiones musculares que pasan desapercibidas mientras el niño se halla activo y se manifiestan por la noche cuando el niño tiene sus músculos relajados y cualquier pequeño movimiento despierta el dolor. Estos dolores son pasajeros, y los mismos no son experimentados al momento de la adultez. Sin embargo, el crecimiento emocional y espiritual en ocasiones duele de manera intensa y punzante, estremeciéndonos de manera insólita e inesperada.
Muchas veces, las mejores escuelas espirituales te llevan al conocimiento pleno a través de la angustia, a través de la soledad y de la indecisión. El descontrol es algo que nos ahoga, llenando de impotencia nuestra mente, y de dudas el corazón.
Sin embargo, Hebreos 11:1 nos enseña que: Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.
Por lo tanto, la fe nace de la esperanza de que lo que no es, será. Para poder poner la fe en acción, en ocasiones tenemos que estar caminando por el valle de la prueba, y en medio del dolor tener la convicción total y absoluta de que Dios nos dará la victoria.
Yo le agradezco a Dios por la prueba, ya que la misma mengua mis fuerzas, haciéndome un dependiente exclusivo de Su infinita misericordia. Y mientras vivo mis dolores de crecimiento, se que los mismos serán transformados en bloques fuertes, levantando así una estructura de fe y de esperanza, inquebrantable ante la adversidad y ante el dolor, ya que la misma ha sido levantada por las manos benditas del Maestro, transformando mi dolor en una obra de arte.
